Los temblores del mercado y las leyes financieras del movimiento

La recientes caídas bursátiles han sido virulentas y generalizadas, lo que lleva a preguntarse si estamos presenciando el fin del mercado alcista más largo de la historia, o simplemente otro temblor transitorio del mercado.

La corrección se puede ver como una debida respuesta a que los tipos de interés a largo plazo vienen aumentando desde principios de año, lo que, a la inversa, es un reflejo de que la economía de los EE.UU. está en plena expansión, y a las presiones inflacionarias en aumento.

Después de todo, nuestro limitado conocimiento del comportamiento de los mercados financieros nos dice que unos tipos de interés más altos deberían afectar negativamente a los precios de las acciones, ya que los flujos de efectivo futuros deben descontarse a tasas más altas y los beneficios corporativos se ven lastrados por un mayor gasto financiero.

Sin embargo, la dinámica del mercado tiene más que ver con la tectónica de placas que con el movimiento de los cuerpos celestes. Los pánicos del mercado observan un comportamiento de “deslizamiento”, ya que la presión (el miedo) puede irse acumulando bajo la corteza sin ninguna manifestación aparente, hasta que la energía se libera repentinamente en forma de un terremoto.

En este sentido, la reforma fiscal en los EE.UU. ha servido para aliviar la presión, ya que el crecimiento de las ganancias corporativas ha compensado en gran medida el aumento de los tipos de interés, pero la evidencia de crecimientos salariales y una resolutiva Reserva Federal, han agregado estrés de nuevo al sistema.

Llegados a este punto, la pregunta es si esto es solo una “saludable” corrección de mercado, o el comienzo de un mercado bajista. Desafortunadamente, predecir los puntos de inflexión del mercado sigue siendo tan difícil como el momento en que se producen los terremotos, pero lo que tenemos en nuestras manos es garantizar que descansemos sobre bases sólidas.

Tanto en el caso de acciones como en bonos, esto significa comprar seguros e invertir en compañías de calidad que tengan modelos de negocios y balances que puedan soportar los ciclos económicos. Después de todo, a largo plazo, las tasas de interés y el crecimiento económico tienden a revertir a la media, y es la capitalización de beneficios y cupones lo que hace que las carteras crezcan con el tiempo.

También debemos seguir vigilando las señales de “alerta temprana” (diferenciales, PMI, indicadores de confianza, etc.) que puedan indicar un punto de inflexión en la actividad económica. Más allá de su duración, tenemos indicios de que estamos en las últimas etapas del ciclo actual (apalancamiento, aumento de los tipos), por lo que una postura conservadora está justificada.

La diversificación es la otra medida prudente. En los terremotos, la proximidad al epicentro determina la severidad del daño. Las presiones se están acumulando en los EE.UU. como consecuencia de la retirada de liquidez, pero este no es el caso todavía en Europa y Japón, donde además las valoraciones también son más atractivas. Desafortunadamente, a diferencia de la tectónica de placas, los mercados financieros son mucho más propensos al contagio; Y aquí, nuestra preocupación número uno sigue siendo China.

En resumen, todos sentimos la inquietud de invertir en renta variable sabiendo que, al igual que los sismólogos que vigilan la falla de San Andrés, el “Big One” ha salido ya de cuentas. Sin embargo, debemos recordarnos que no estamos tratando con un sistema físico; y evitar así el destino de Newton, quien después de haber sido declarado en bancarrota, afirmó que “él podía ‘calcular los movimientos de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”.

 

Fernando de Frutos, MWM Chief Investment Officer

 

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